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Acero, aluminio o carbono: Qué cuadro elegir para bikepacking

Si alguna vez has salido a rodar varios días con tu vida embalada en alforjas o bolsas de bikepacking, sabes que no todo es cuestión de velocidad. El peso, la fiabilidad, la comodidad y, sobre todo, la tranquilidad, son factores que terminan pesando más que cualquier gramo de ventaja en la balanza. Por eso, elegir el material del cuadro de tu bicicleta para bikepacking no es una decisión menor. ¿Acero, aluminio o carbono? La respuesta, como suele suceder en casi todos los aspectos de la vida, no es única. Pero dentro del mundo del bikepacking hay matices que vale la pena considerar.

Acero: alma viajera

El acero, ese viejo conocido de los ciclistas clásicos, sigue más vivo que nunca en el mundo del bikepacking. No es por nostalgia, es por funcionalidad. Su resistencia y capacidad de absorción lo convierten en el compañero ideal para rutas de muchos días.Tendríamos que hacer un apunte sobre las diferentes aleaciones de acero y los diferentes tipos de tubo, ya que, en la actualidad, se ha innovado mucho en esta tecnología y no son comparables los cuadros de hoy en día con los de hace más de dos décadas, pues se juega con diferentes espesores en función de su ubicación o cuadros ligeros con tubos conificados para aligerar el conjunto; son algunas de las técnicas que se usan para fabricar modelos de alta gama de acero. Podemos encontrarlos en marcas como Surly, Ritchey, Salsa o Brother, conocidas internacionalmente; otras marcas como Sombra, menos conocida, una marca española que fabrica todos sus cuadros a mano.¿Lo mejor? Si algo falla, en casi cualquier parte puedes encontrar a alguien que te lo suelde. Esa capacidad de reparación lo convierte en la opción predilecta para quienes cruzan continentes o se alejan de la civilización. También son bicicletas que su vida útil puede sobrepasar la propia vida del usuario. Quién no ha montado en la bici de su padre o abuelo que eran de acero. A todo esto, muy importante añadir que un cuadro de acero permite en un futuro algunas modificaciones como cambio de pipa de dirección, punteras, o tirantes con el fin de adaptar la bici a un nuevo uso o a estándares más modernos, actuaciones que hemos realizado en Ciclos Helike en varias ocasiones.

Además, la flexibilidad del acero no solo se nota en el terreno: también se siente en las piernas al final del día. Menos vibraciones, más confort. El precio a pagar es el peso, claro. Pero en un viaje o salida sin estar pendiente de la media de velocidad o del cronómetro, ¿realmente importa si llevas un kilo más?

Entre todas las bondades del acero también tenemos que hablar de sus desventajas: el peso es una de ellas, como ya hemos comentado; lo puedes valorar más o menos en función del tipo de uso. Sin embargo, un detalle a tener en cuenta es la corrosión, que en entornos de alta humedad puede presentar un problema si no se trata o mantiene adecuadamente.

Aquí es donde se dice que esas capacidades de absorción son mínimas y apenas se nota si no eres un profesional o pasas media vida encima de la bicicleta. Ahí lanzo la anécdota de un servidor: sin ser experto y que no suelo notar los pequeños cambios encima de la bici, cambié la pareja de ruedas de casa de mi Santa Cruz Hightower por unas ruedas de enduro de carbono y, para mi sorpresa, no podía llevarlas; muchas molestias y dolores en las muñecas y articulaciones, cualquier bache se tornaba una sacudida seca a pesar de regular tanto la suspensión delantera como trasera, e incluso podía escuchar cómo las vibraciones de las ruedas pasaban a los discos y estos chocaban con las patillas de freno. Pensé en deshacerme de ellas o incluso cambiar los radios por unos más finos para que flexara un poco la rueda y que no fuera tan rígida. Un día se me ocurrió montarlas en una enduro de acero sin suspensión trasera, una Hardtail de toda la vida, y mi percepción cambió por completo: el cuadro absorbía la rigidez de las ruedas, ya no escuchaba los discos vibrar, las muñecas no me dolían y las ruedas pasaron a ser cómodas, ligeras y ágiles.

Aluminio: el equilibrio moderno

El aluminio es el punto intermedio. En teoría es “más liviano que el acero”, lo entrecomillo porque en la realidad depende del modelo, pero en muchos casos apenas hay diferencia de peso.Es más accesible que el carbono y el acero, y con los avances en soldaduras y geometrías modernas puede ofrecer una estética muy similar a la del carbono, incluso difícil de reconocer a simple vista cuando las soldaduras están pulidas. Muchos fabricantes lo eligen para sus bicicletas de iniciación por una razón: ofrece buena estética, buena resistencia y un precio más asequible.

Dentro de los inconvenientes que tiene, es un material que aguanta menos la fatiga que el acero y su principal desventaja es la dificultad de reparación, no solo en ruta, sino también para profesionales.

También tenemos que destacar su baja reacción con el medio ambiente; puede llegar a oxidarse si no tenemos cuidado, pero tiene mayor resistencia frente a agentes externos que el acero.

Para quienes están iniciándose en el mundo del bikepacking o incluso en el mundo del ciclismo en general y su presupuesto es ajustado, el aluminio es una apuesta lógica y eficaz.

Carbono: la tentación del rendimiento

El carbono es ligero, eficiente, bello. Y sí, cada vez hay más cuadros de carbono diseñados específicamente para gravel y bikepacking. Pero también es el más polémico. Su gran ventaja "el rendimiento por peso" se convierte en su talón de Aquiles cuando hablamos de durabilidad ante el maltrato diario y la carga constante.La rigidez que transmite se hace notar: una pedalada se nota como toda tu fuerza se transmite al suelo, y ese es uno de los inconvenientes. Para una salida corta o si buscamos rendimiento lo buscaremos, pero para un viaje no es lo más recomendable, pues todas las imperfecciones del camino se sienten haciéndose incómodas y transmitiendo la fatiga al usuario según avanzan las horas del día pedaleando encima de la bicicleta.

Las marcas saben que es un producto muy deseado por los ciclistas, pero no nos dejemos engañar: no todos los cuadros de carbono son iguales. Podemos encontrar cuadros de carbono igual de pesados que un cuadro de aluminio; no tenemos que cegarnos por ver carbono a buen precio, tendremos que investigar la calidad del material.

Si montas una bicicleta de carbono y, bajando un camino a alta velocidad, salta una piedra contra el cuadro y escuchas un ruido, inmediatamente cuando bajes de la bicicleta mirarás por si ese golpe ha dañado el cuadro. También ante una caída por sencilla que parezca, suplicarás para no escuchar ningún crujido y aun así inspeccionarás la bici por si ha salido alguna fisura por algún lado. Es la pega del carbono: que es frágil ante impactos.

Hay que añadir que su reparación no es imposible; de hecho, hay cada vez más empresas especializadas en su reparación, siendo más sencilla que la del aluminio. He visto reparaciones de tirantes y vainas cortadas y repararse perfectamente para quedar la bicicleta como nueva.

No es que el carbono no sirva para bikepacking, pero requiere condiciones: es para quienes viajan más ligero, tienen experiencia y no se alejan demasiado de la civilización. Y sobre todo, para quienes aceptan el riesgo de que un impacto mal colocado pueda dejarte fuera de juego en el viaje que estés haciendo.

Reciclaje y sostenibilidad: pensar en el futuro de tu bici

Elegir el material del cuadro de tu bicicleta no solo influye en tu comodidad y rendimiento en ruta, sino también en el impacto ambiental de tu bicicleta. Cada material tiene ventajas y limitaciones cuando hablamos de reciclaje, sostenibilidad y reparabilidad en bikepacking:

  • Acero: el acero es el campeón de la reparabilidad en rutas de aventura. Casi cualquier desperfecto se puede soldar, incluso lejos de talleres especializados. Esto prolonga la vida útil del cuadro y reduce significativamente el impacto ambiental, al generar menos residuos y disminuir la necesidad de fabricar nuevas piezas.
  • Aluminio: aunque es reparable, requiere herramientas y técnicas más especializadas. En caso de daño grave durante un viaje, es más probable que se necesiten reemplazos completos, aumentando el consumo de recursos y residuos.
  • Carbono: cada vez hay más talleres especializados que reparan cuadros y componentes de carbono de manera efectiva. Un cuadro de carbono bien reparado puede volver a rendir como nuevo, evitando que termine prematuramente en un vertedero. Sin embargo, durante rutas de bikepacking, su reparación en ruta puede ser más complicada.

Optar por materiales de bicicleta duraderos y reparables no solo protege tu inversión, sino que también minimiza la huella ecológica de tu aventura. Una bicicleta que puede repararse varias veces antes de ser reemplazada contribuye directamente a un bikepacking más sostenible y responsable con el medio ambiente.

El material no define la aventura pero influye en la experiencia

Al final, elegir entre acero, aluminio o carbono no va solo de gramos, rigideces o fichas técnicas. Va de cómo quieres vivir tus rutas. Va de la tranquilidad que buscas cuando estás a dos días del pueblo más cercano, de cómo responden tus manos después de ocho horas pedaleando, de qué te hace viajar más relajado y disfrutar más del camino. Si todavía no conoces ninguna ruta, te invitamos a pasarte por la pagina de Bikepacking.com, referentes en este mundo

En nuestras rutas cada cual va con una bici diferente y terminamos haciendo el mismo viaje, el material del cuadro no define tu aventura… pero sí condiciona cómo la sientes. El acero te lleva más lejos. El aluminio te ofrece un equilibrio práctico y económico. El carbono te invita a ir rápido, aunque te recuerda que tienes que estar en forma

A mi me gusta pensar  que lo que más importa es la tranquilidad de saber que tu bicicleta resistirá lo que venga, incluso cuando tú ya no puedas más.




Emilio Segarra, 

1 comentario

Definitivamente para bikepacking con carga el acero es lo que más me gusta. Absorción, comodidad, robustez y estilo.

Paco,

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